Gana el Norte, pierde Europa

Gana el Norte, pierde Europa

El entusiasta europeísmo ha ido decayendo en muchos países europeos, el Estado español y en Canarias, especialmente en la última década. La reacción ante la pasada crisis económica, imponiendo los estados del Norte a los del Sur las políticas de austeridad y recortes, causando un enorme sufrimiento a millones de ciudadanos y ciudadanas -reducciones salariales, pérdida de empleo, aumento de la pobreza, desahucios de sus viviendas y relevante retroceso de los servicios públicos- ya supuso una elevada desafección. Ahora, una insuficiente respuesta a la crisis sanitaria, económica y social causada por la pandemia del Covid-19 puede dar al traste con la Unión Europea.

A nadie se le esconde la gravedad de la situación. En primer lugar, por el elevado número de infectados y hospitalizados, por los más de cien mil fallecidos solo en Europa, por la saturación de unos sistemas sanitarios que no estaban preparados para semejante reto, por las dificultades de acceso a material de protección en un mundo tan globalizado como desequilibrado, abriendo espacios para la especulación y el más puro mercadeo.

Asimismo, por el cierre de fronteras, una reducción drástica de la movilidad interior y el confinamiento ciudadano, para evitar que se multiplicaran exponencialmente los contagios, se incrementaran aún más las muertes y se colapsaran los servicios sanitarios. En definitiva, para combatir lo más eficazmente posible al virus y estar mejor preparados para nuevas oleadas. Esto ha supuesto la paralización del grueso de la actividad económica, lo que ha causado el cierre de numerosas empresas, el significativo crecimiento del desempleo y el aumento de los niveles de pobreza.

El PIB de la zona euro puede caer hasta un 15% en este 2020. Pero su bajada no se distribuirá equitativamente. Afectará más a unos estados más que a otros. En el caso canario la reducción de riqueza puede llegar a superar el 20%, por el alto peso del sector turístico en nuestra estructura productiva. Es decir, una caída del doble de la que se produjo entre los años 2009 y 2014.

Al respecto, en una reciente intervención ante los medios de comunicación, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, señaló que “el PIB caerá en todas partes, pero lo hará más fuertemente en algunos estados miembros que en otros, y ciertamente habrá más daños en ciertos sectores, como el turismo”. Destacando la necesidad de diseñar una respuesta común “para garantizar la integridad y la cohesión del mercado único y su prosperidad compartida”. Una integridad y cohesión que pasa por un trato singular a Canarias dada no solo su estructura productiva con un peso diferencialmente alto del turismo, sino también su condición de Región Ultraperiférica (RUP).

Ante situaciones excepcionales, como la que nos ocupa, las respuestas tienen que estar a la altura de las circunstancias. Y deben posibilitar hacer frente a este grave problema de salud. Facilitar el funcionamiento de los servicios públicos: sanidad, educación, servicios sociales... Ayudar a reconstruir las economías tan duramente dañadas: apoyando a las empresas, sosteniendo al empleo y estableciendo medidas para ayudar a los que lo han perdido, así como al conjunto de personas y familias más vulnerables.

Cumbre Europea

Los organismos europeos han tomado algunas decisiones para afrontar la actual crisis. La primera, que hemos defendido, la suspensión de las reglas fiscales, aplicando la cláusula de salvaguarda ante la severa situación económica en que se encuentra la UE; una suspensión de los límites de endeudamiento y de déficit que ahora corresponde trasladar por parte del Estado español a las administraciones autonómicas y locales.

Una segunda decisión la constituye un paquete de avales, préstamos y reaseguros. Por un lado, medidas en el marco del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), con una línea de crédito global de 240.000 millones de euros, de los que el Estado español podría aspirar a captar unos 24.000 millones, para dedicarlos exclusivamente a gasto sanitario. En segundo lugar, un Fondo Europeo de Garantías dotado con 200.000 millones de euros, a través del Banco Europeo de inversiones, dirigido al apoyo financiero, mediante avales, a empresas en dificultades. Y, por último, 100.000 millones a través del instrumento SURE, un fondo destinado a financiar y favorecer el empleo, evitando su destrucción masiva. Muchos de estos fondos constituyen una especie de red de seguridad que, como ha dicho la ministra Calviño, no está claro que España utilice.

Y el tercer eje debería haber pasado por los eurobonos, por la mutualización de la deuda. Lo que ha sido descartado por las presiones de los estados del norte. Y como sucedáneo, como mal menor, plantean un fondo de reconstrucción, incluido en el presupuesto comunitario. Descartados los eurobonos, el Fondo de que se pueda disponer dependerá del nivel de ampliación del presupuesto comunitario 2021-2027. No se sabe la cantidad exacta -aunque parece que estaría en torno a 300.000 euros, a razón de 100.000 durante solo tres años- ni en qué medida serán créditos o transferencias. Se trata de una propuesta claramente insuficiente para la magnitud de la crisis y de los estragos que viene produciendo y que producirá en el futuro. Si no se producen modificaciones, resultará muy difícil preservar el mercado interior, afrontar la emergencia social y asegurar una respuesta justa a la actual crisis sanitaria, económica y social.

El próximo 6 de mayo está prevista una reunión de la Comisión Europea en la que se presentará el nuevo Marco Financiero Plurianual 2021-2027. Encuentro en el que deben definirse con claridad las cantidades definitivas que integrarán el nuevo Fondo de Reconstrucción para los próximos tres años, así como la forma en que los estados podrán acceder al mismo, mediante préstamos o a través de transferencias. El mayor o menor acierto en las medidas que finalmente se adopten será crucial para el presente y el futuro de la Unión Europea. No valen los parches, como este Fondo, ni las decisiones que, como en la anterior crisis, hagan caer todo el sacrificio sobre la gente trabajadora, las clases medias y los servicios públicos. Europa se la juega. Y su hasta ahora insuficiente respuesta puede repetir, lamentablemente, muchos de los errores de la anterior crisis y generar una desafección ciudadana aún mayor que la que se produjo entonces.